La Devoción al Corazón de Jesús ya la podemos
ver en las Sagradas Escrituras, siendo la Santísima Virgen y San Juan
Evangelista los primeros devotos al Divino Corazón, ya que la Virgen participó
de todos los sentimientos y preocupaciones de su Hijo y San Juan es el que
apoyó la cabeza en Su costado. Ambos son los que vieron brotar sangre y agua al
ser atravesado su Corazón en la Cruz, es aquí donde nació esta Devoción.
En el siglo IV, San Agustín escribió sobre San Juan que este bebió de los “secretos sublimes de las profundidades más íntimas del Corazón de Jesús” y San Juan Crisóstomo escribe también en esta línea.
Pero es a partir de la Edad Media cuando se
ha ido mostrando más claramente esta Devoción al Corazón de Cristo. En los
monasterios benedictinos y cistercienses esta Devoción ya era muy conocida y en
ellos se hace más profunda. Así para San Bernardo de Claraval (+1153) la
lanzada en el Costado de Jesús muestra el amor de su Corazón por nosotros y para
el Beato Guillermo de S. Thierry (+1148) es de mucha importancia “entrar de
lleno en el Corazón de Jesús, en el Santo de los Santos”.

En el siglo
XIII es cuando encontramos los escritos más importantes de la época medieval
sobre al difusión de esta Devoción. Santa Lutgarda, que es una de las primeras
difusoras, vio a Jesús que le mostraba la herida de su costado y Nuestro Señor
intercambió místicamente su corazón con el de ella. Es considerada la primera
visión medieval del Corazón de Jesús.
También San
Buenaventura, franciscano, denominaba al Corazón de Jesús “Fuente Viva” y
escribió: “¡Qué bueno, qué dulce es habitar en tu Corazón, oh Jesús! ¿Quién hay
que no desee esta perla?”. Y en la misma línea escriben la mística alemana
Santa Matilde de Hackenborn.
Pero es, en esta época, Santa Gertrudis de
Helfta, religiosa cisterciense, la que tiene las más importantes revelaciones
del Corazón de Jesús. Tuvo una profunda experiencia mística en la que llegó a
reclinar su cabeza en el costado de Cristo y oír los latidos de su Corazón.
En esta visión le llegó a preguntar a
San Juan Evangelista por qué no había hablado de lo que sintió y entendió
cuando reclinó la cabeza en el costado y escuchó los latidos. Él le respondió
que su misión en ese tiempo en el que la Iglesia se formaba era hablar
únicamente sobre la Palabra del Verbo Encarnado, pero que en los últimos
tiempos es cuando les estaba reservada la gracia de oír la voz elocuente del
Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, debilitado en el amor a Dios, se
renovará, se levantará de su letargo y será inflamado en la Llama del Amor Divino.
Otro ejemplo importante de esta época es
Santa Ángela de Foligno, terciaria franciscana, que también fue confidente del
Corazón de Jesús y a la que, a veces, se le aparecía para invitarla a que
acercase los labios a su costado y bebiese de la sangre que de allí manaba.
A finales del siglo XIII, otra figura en relación a esta Devoción es Santa Catalina de Siena, terciaria dominica, que también tuvo importantes experiencias místicas y revelaciones de Nuestro Señor.
Lanspergio
(+1539), cartujo, es la primera persona que recomendó la entronización de una
imagen del Corazón de Jesús en las casas para su veneración. Y en
este mismo siglo (XVI) tenemos dos religiosas carmelitas, Santa Teresa de
Jesús, gran difusora de la humanidad de Cristo; y Santa Magdalena de Pazzi, que
tuvo la experiencia mística de intercambiar su corazón con el de Nuestro Señor.
Acercándonos
al momento cumbre de las Revelaciones del Corazón de Jesús, hemos de citar la
figura de San Francisco de Sales, obispo, doctor de la Iglesia y fundador de la
orden de la Visitación, que fue un gran difusor de esta Devoción.
A pesar de
todos los ejemplos anteriores, esta Devoción seguía siendo algo individual. Fue
San Juan Eudes (+1680) el que consiguió que se hiciese pública mediante su
inclusión en el Oficio Divino y se estableciese una fiesta, aunque no para toda
la Iglesia. Se le denominó por los Papas de aquel entonces como el apóstol del
culto litúrgico de los Sagrados Corazones, ya que en la congregación que él
fundó se celebraba la fiesta del Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de
María.
La aparición más importante, conocida como
“la gran aparición”, se produjo en la octava del Corpus de 1675, en ella le
dijo: “Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que nada ha
perdonado hasta consumirse y agotarse para demostrarles su Amor y, en
cambio, no recibe de la mayoría más que ingratitudes, por sus irreverencias,
sacrilegios y desprecios en este Sacramento de amor. Pero lo que me es todavía
más sensible es que obren así los corazones que de manera especial se han
consagrado a Mí”.
Sin embargo, la fuente más importante de la
Devoción, en la forma en que la conocemos actualmente, es Santa Margarita María
Alacoque (+1690), monja salesa del monasterio de Paray-le-Monial, a quien Jesús
se le apareció para revelarle los deseos de su Corazón y confiarle la tarea de
extender esta Devoción.
Desde 1673 recibe apariciones de Jesús, en la
primera le comunica: “Mi Corazón divino está tan apasionado de Amor por
los hombres, y por ti en particular, que al no poder contener en sí las llamas
de su ardiente caridad, quiere transmitirlas con todos los medios”. A finales
de este mismo año, como con Santa Gertrudis, Jesús hizo que reclinase su cabeza
sobre su Corazón y le descubrió las maravillas de su Amor. Le dijo que deseaba
que éstas fueran conocidas por toda la humanidad y que los tesoros de su bondad
fueran difundidos, que la había escogido para esta tarea.
La aparición más importante, conocida como
“la gran aparición”, se produjo en la octava del Corpus de 1675, en ella le
dijo: “Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y que nada ha
perdonado hasta consumirse y agotarse para demostrarles su Amor y, en
cambio, no recibe de la mayoría más que ingratitudes, por sus irreverencias,
sacrilegios y desprecios en este Sacramento de amor. Pero lo que me es todavía
más sensible es que obren así los corazones que de manera especial se han
consagrado a Mí”.
En su carta nº 141 la Santa nos comunica las
promesas que Jesús hace a los devotos de su Sagrado Corazón y en multitud de
ocasiones nos dice que esta Devoción es “el camino más corto” para ir a Él.
Las revelaciones del Corazón de Jesús a Santa
Margarita son importantísimas, no sólo porque la mayoría de los documentos de
la Iglesia que hablan sobre el Corazón de Jesús las toman como fuente
principal, sino también por las peticiones concretas que en ellas pide el Señor:
-
Una Fiesta para la Iglesia Universal (El primer viernes después de la octava
del Corpus).
-
La Hora Santa.
-
Los nueve Primeros Viernes.
El Director espiritual de santa Margarita María Alacoque, el jesuita San Claudio de la Colombière, creyendo en las revelaciones místicas que ella recibía, se dedicó en cuerpo y alma a propagar la Devoción, tanto dentro de su Orden como fuera de ella.
Así los jesuitas extendieron la Devoción por el mundo a través de los miembros de la Compañía, y los libros de los jesuitas Juan Croisset y José de Gallifet fueron fundamentales para esta difusión, a pesar de controversias y de opositores, como la de los jansenistas. También surgieron, en esta época, innumerables asociaciones, congregaciones e institutos seculares para la extensión del culto.
En España, en la primera mitad del siglo
XVIII, el estudiante jesuita Bernardo F. de Hoyos, tuvo varias apariciones del
Corazón de Jesús en las que le mostró su Corazón, le descubrió sus tesoros y le
confió la misión de extender esta Devoción por todo el reino de España, que por
entonces también incluía Hispanoamérica y Filipinas. El 14 de Mayo de 1733
recibió la promesa del Corazón de Jesús “Reinaré en España y con más veneración
que en otras partes”.
Las gracias místicas y las comunicaciones que
recibió este santo fueron muy abundantes, y gracias a su apostolado se extendió
rápidamente por todo el reino de España, y a través de los misioneros jesuitas
por toda Hispanoamérica y Filipinas.
Un golpe muy fuerte que recibió la Devoción
fue la supresión de la Compañía de Jesús en 1773. Como ejemplo, en España se
prohibieron los libros sobre el Corazón de Jesús y el emperador de Austria dio
orden de que desapareciesen sus imágenes de todas las iglesias. Pero a
pesar de esto, a principios del siglo XIX volvió a resurgir con gran fuerza.
Y así, en 1856, el Papa Pío IX extendió la
fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia.
A finales del siglo XIX la beata María del
Divino Corazón, de la Congregación de las Hermanas de la Caridad del Buen
Pastor, recibió del Sagrado Corazón el encargo de que se le consagrara el mundo
entero. Escribió al Papa León XIII y este, haciendo suya esta petición, lo
consagró en 1899.
Es de destacar, que desde la segunda mitad
del siglo XIX y hasta la actualidad son muchas las naciones, especialmente en
Hispanoamérica, que se han consagrado públicamente al Corazón de Jesús. España
se consagró por primera vez el 30 de mayo de 1919 en el Cerro de los Ángeles y
posteriormente se ha renovado en varias ocasiones.
El padre Mateo Crawley-Boevey SS.CC., a
principios del siglo XX, ideó un movimiento de regeneración de las familias y
de la sociedad a través de una cruzada moral, y para ello fundó la Obra de la
Entronización del Sagrado Corazón en los Hogares, con repercusiones en todo el
orbe. Uno de sus intereses fue conseguir el establecimiento del Reinado Social.
Y por último, un paso más en esta Devoción, son las revelaciones que tuvo Santa Faustina Kowalska (+1938), religiosa polaca. Jesús se le mostró y de su Corazón brotaban rayos rojos y blancos, le expresó su deseo de derramar su Misericordia sobre toda la humanidad. Gracias a San Juan Pablo II el culto a la Divina Misericordia ha tenido una difusión verdaderamente admirable desde que lo promovió a comienzo de su pontificado.
A lo largo y ancho de todo el mundo son
múltiples las cofradías, asociaciones, congregaciones, institutos, etc, que
basan su carisma en esta Devoción.




